PAPER / DIÁLOGO RADIAL
LOS
MODELOS COMUNITARIO Y COMERCIAL: DOS MODOS DE ENTENDER Y DE HACER RADIO
Resumen
A partir de una
diferenciación genérica de los tres modelos de radiodifusión (el de libre
mercado, el de servicio público y el comunitario), se describen y caracterizan el
primero y el último. Empezando por el comunitario, se enfatiza en su carácter
participativo y democrático, detallando el trabajo que realizan, especialmente
con los niños, niñas y jóvenes, promoviendo su participación como actores
sociales, capaces de expresarse y producir contenidos radiales. Y respecto al
modelo comercial, se definen sus rasgos principales, como su perfil de empresa
privada, sus contenidos regulados por la lógica del mercado y su relación
comercial con las audiencias. En base a ello, se realiza una descripción de las
emisoras comerciales locales, destacando sus formas de hacer radio y el tipo de
programación (musical y periodística) que ofrecen al público.
Abstract
From a generic
differentiation of the three broadcasting models (free market, public service
and community), the first and the last are described and characterized.
Starting with the community, emphasis is placed on its participatory and
democratic nature, detailing the work they do, especially with children and
young people, promoting their participation as social actors, capable of
expressing themselves and producing radio content. And regarding the commercial
model, its main features are defined, such as its profile as a private company,
its contents regulated by the logic of the market and its commercial
relationship with audiences. Based on this, a description is made of local
commercial stations, highlighting their ways of doing radio and the type of
programming (musical and journalistic) offered to the public.
Palabras
clave: Modelo, radio, comunitario, comercial, local, modos,
programación musical, periodística.
Key
words: Model, radio, community, commercial, local, modes,
music programming, journalistic.
Introducción
Según refiere Rodríguez
(2011), se pueden identificar tres modelos de radiodifusión: el modelo de libre
mercado, el de servicio público y el comunitario. Cada uno presenta sus propias
características, y en el marco de cada cual se gesta un determinado tipo de
radio, con sus perfiles, formas y procedimientos. El primero le da vida a un
tipo de radio llamado comercial, caracterizado por diseñar contenidos
condicionados por los intereses del mercado, comprendiendo a los productos
radiofónicos como mercancía y a los oyentes como consumidores. El modelo de
servicio público define a una radio administrada por el Estado, el cual regula
los contenidos y los dirige a “informar, educar y entretener” a los oyentes,
los cuales son concebidos como ciudadanos. Y en cuanto al modelo comunitario,
esboza un tipo de radio dirigida y administrada por la propia comunidad o por
organizaciones sociales, las cuales cumplen el papel de recoger las agendas
propias de la comunidad y trasladarlas a la radio, definiendo una programación
inclusiva, con la participación de los propios oyentes como actores sociales
productores de sentido.
En el marco de estos tres
modelos, entonces, nos preocupa centrarnos en el primero y el tercero: el
modelo comercial y el comunitario. Y es que son los que más marcadas
diferencias tienen y el objeto de interés del presente escrito.
La
radio comunitaria
Así, comenzamos por la
radio comunitaria, en torno a la cual se ha escrito mucho, y en relación a la
cual, también, se han presentado una serie de discusiones. Según Krohling
(s.f.), la radio comunitaria puede ser entendida como aquella que “transmite
una programación de interés social vinculada a la realidad local, no tiene
fines lucrativos, contribuye a ampliar la ciudadanía, a democratizar la
información, a mejorar la educación informal y el nivel cultural de los
receptores sobre temas directamente relacionados con sus vidas” (p. 1).
Asimismo, esta autora agrega que la emisora radiofónica comunitaria es aquella
que permite “la participación activa y autónoma de las personas residentes en
la localidad y de representantes de movimientos sociales y de otras formas de
organización colectiva en la programación, en los procesos de creación, en el
planeamiento y en la gestión de la emisora” (p. 1).
Por su parte, Álvarez
(2008), haciendo una distinción con la radio comercial, plantea que la radio
comunitaria “nace bajo la perspectiva de la participación y su compromiso está
estrechamente ligado a suplir las necesidades que los medios masivos de
comunicación no han querido satisfacer. Las comunidades han encontrado en ella
el lugar propicio para arraigar el sentido de pertenencia, anclado a sus
propios principios, valores y tradición popular que aún hoy se niegan a
erradicar pese a la invasión de la tecnología que satura el espectro, el
mercado y la competitividad” (p. 69). En tal sentido, pues, la radio
comunitaria acciona bajo un modelo que entiende a la comunicación radial como
un compromiso con la sociedad, un diálogo horizontal, a partir del cual los
grupos humanos sobre los que se incide experimentan un proceso de cambio, con
una perspectiva diferente y una mejor actitud al encarar su problemática
particular. Esa es la radio comunitaria, una radio que surge desde la comunidad
y para la comunidad, o como era entendida en alguna parte: una radio en la
comunidad y la comunidad en la radio.
Un ejemplo de este tipo
de radio y de la forma cómo operan, es el que se nos explica en el texto Aprender con la radio, publicado por
“Las otras voces” (2005). Según se lee en sus páginas, la radio comunitaria
puede estar orientada a generar, promover e incluir la participación de los
niños, niñas y jóvenes, como productores de contenido. Se parte de reconocerlos
como sujetos de derecho, como personas con sus propios problemas y necesidades,
y en general, como miembros activos e importantes de la comunidad. A partir de
lo cual se generan espacios de diálogo, donde son escuchados y en donde se les
permite expresarse libremente. La libertad de expresión es el principal derecho
con el que trabajan las radios comunitarias de frontera que describen en este
texto. Todo ello tiene su correlato en un proceso de producción radiofónica, en
el que los chicos son instruidos y asesorados en materia de lenguaje radial,
géneros, formatos. De manera que esas agendas propias que les afectan son
traducidas en productos radiofónicos, elaborados por ellos mismos, lo que los
convierte en emisores activos, con una voz propia y con capacidad de ser
escuchados.
En tal sentido, como se
expresa en Aprender con la radio, la
radio comunitaria se constituye en un medio de “visibilización” de esas voces,
muchas veces ocultas. Busca “fortalecer las voces de los más jóvenes a través
de programaciones de las radios que nacieron en escuelas rurales y de frontera,
con la voluntad de promover la creatividad y la participación de las niñas,
niños y jóvenes de cada comunidad” (p. 7). Así, la radio es “una aliada
estratégica a la hora de fortalecer los lazos comunitarios en torno de la
comunicación, capaz de incluir y hacer visibles las problemáticas y opiniones
de la infancia” (p. 19).
La
radio comercial
De otro lado, tenemos a
las radios comerciales, que como ya se indicó, operan bajo la férula del
sistema de libre mercado, en el que las radios son básicamente empresas, con
fines de lucro, que persiguen ganancias, y que casi todo su accionar lo
subordinan al interés económico, al efecto costo-beneficio. Rodríguez (2011)
las define íntegramente: “Es la radio financiada por la publicidad cuyo
objetivo último es obtener un beneficio económico. Por lo tanto, las radios son
empresas cuyos productos son las programaciones. Como en toda lógica
empresarial, esas programaciones deben costar lo menos posible y deben
maximizar las ganancias. Las radios ofertan a los anunciantes y patrocinadores
el acceso a un amplio número de oyentes o, mejor dicho, potenciales
consumidores. En un mercado especializado, el objetivo es alcanzar el mayor
número posible de consumidores de un tipo particular (…). Es el mercado quien
determina la música, las voces y el tipo y duración de los programas a emitir”.
(p. 11).
Aquí vemos pues que los
oyentes son consumidores; los programas son productos mercantiles, y los fines
que se persiguen son los lucrativos. Pero además, como la propia Rodríguez
explica, las agendas, tanto en el género periodístico como en el musical ―que
son los más empleados por estas radios―, están definidas por condiciones del
mercado. “Los medios comerciales, que tienen como fin el lucro, juegan con los
temas y los tiempos, y tratan a la información como una mercancía” (p. 55). Y
en cuanto a la programación musical, que también constituye la agenda, es
organizada “en base a criterios económicos, donde el objetivo es vender a un
solista o grupo. Eso explica que los principales puestos de un ranking
coincidan con los lanzamientos de las discográficas. O que el artista que está
por visitar el país suene más de una vez a lo largo de un programa” (p. 89).
Por último, respecto al
vínculo que establecen con las audiencias, también está regido por la lógica
del mercado. “Una radio comercial, cuyo fin principal es el lucro, atenderá los
resultados de las mediciones de audiencia. Por eso muchas emisoras y
programaciones cambian de nombre o de propuesta, porque se diseñan en función
de un nicho del mercado que se quiere conquistar. Conocer el comportamiento y
las costumbres del público, tanto desde el punto de vista cuantitativo como
cualitativo, es el insumo que utilizan las radios comerciales para atraer más
oyentes y, por lo tanto, más publicidad” (Rodríguez, 2011, p. 108).
Las
radios comerciales del ámbito local
Pues bien, cuando
enfocamos nuestra mirada en el ámbito local, nítidamente encontramos una
primacía de la radio comercial. Las radios más escuchadas y reconocidas del
medio son de carácter comercial y pertenecen a empresarios particulares o
grupos económicos macrorregionales, que trabajan precisamente bajo aquella
lógica de libre mercado explicada líneas arriba. Según Rivadeneyra (2009), en
un estudio realizado sobre las radios en el Perú, “la inmensa mayoría de
estaciones de radio en nuestro país corresponden a empresas privadas de
diversas y complejas características. Algunas son grandes empresas y
conglomerados; otras, medianas, pequeñas y hasta micro empresas de carácter
familiar” (p. 219). Y en relación a la radio comercial provinciana, dice que
“en muchos distritos del país existen emisoras de radio pertenecientes a
pequeños y microempresarios que, por diferentes razones, emprendieron la
gestión de una estación radiofónica… Existen también emisoras comerciales de
empresas que han intentado convertirse en medianas o grandes empresas” (p.222).
Algo que podemos observar en nuestro contexto local.
Y es que como nos dijo un
administrador de una de estas emisoras, existe poco interés por promover algún
otro tipo de radio. La propia radio comercial local no demuestra interés en
generar contenidos, ya no de incidencia comunal, sino tan solo educativos o
culturales. Su programación está determinada casi exclusivamente por la oferta
musical y periodística. En tal sentido, conviene en todo caso observar las
características de nuestras emisoras locales y las formas más usuales en las
que hacen radio.
En principio, como queda
dicho, todas están administradas por empresarios particulares y en algunos
casos asumen las denominaciones de corporación o consorcio, como corporación
Exitosa (que en realidad funciona a nivel nacional) o el consorcio radial JHC,
que tiene una amplia cobertura a nivel macrorregional. Son empresas
particulares, que a través del auspicio publicitario y/o del mecanismo de
concesionarios, generan sus ingresos y obtienen sus ganancias.
Los contenidos, como ya lo habíamos adelantado, se enfocan en una oferta musical y periodística. Lo cual se corresponde con lo que Moreno (2005) dice en relación a que “los dos tipos de radio principales de la actualidad son la radio-información-comunicación y la radio musical” (p.79). La primera, dice la autora, que “ofrece al oyente una comunicación intelectual –principalmente informativa– con el propósito de hacerle partícipe del discurrir del entorno sociocultural del que forman parte tanto él como la emisora” (p.66). Y la segunda, “que ofrece una comunicación fundamentalmente emotiva a través de la difusión constante de música” (p.66).
En el ámbito local, la
programación musical es la más extendida, y en su mayoría, como común
denominador, se ofrece música tropical variada, en los géneros de cumbia,
salsa, merengue; así como pasillos, sanjuanitos, boleros, música criolla. Y en
algunos casos, como radio Titanio, música especializada en los géneros del rock
y el pop. Al respecto, cabe recordar uno de los rasgos de la radio comercial en
materia de programación musical: se rige por el artista de moda o por intereses
económicos ligados a la producción discográfica.
De otro lado, también
tenemos a la programación periodística, compuesta por programas noticiosos en los
formatos de radioperiódico, entrevista y opinión. En la mayoría de casos los
periodistas actúan como concesionarios, comprando o alquilando el espacio
radial, donde producen y emiten su programa. En tal caso, la relación entre el
periodista o comunicador y la empresa es puramente comercial. Se desligan los
intereses ideológicos y se desmarcan en cuanto a la línea editorial. De otro
lado, la empresa tiene la potestad de disponer del espacio radial cuando lo
crea pertinente o considere que el programa esté afectando a sus intereses
económicos. De igual modo, la agenda noticiosa está definida por aquello que
más vende. Los temas coyunturales, en muchos casos muy ligados a aspectos
políticos, son los que más presencia tienen. Ello depende de la propuesta y
finalidad de cada periodista o “comunicador que funge de periodista”, al
momento de encarar la labor noticiosa. Hecho que frecuentemente suele ser discutido:
por su parcialidad o imparcialidad, el tratamiento (ligero) de los hechos y la independencia
que aquellos puedan o no puedan tener.
Al respecto, Merayo
(1994), refiriéndose precisamente a la manera en que una radio local trata la
información, manifiesta que: “No es infrecuente -especialmente en el caso de
radios locales- la presentación de contenidos que esconden publicidad
encubierta, la improvisación, la ligereza y la demagogia en la opinión, la
superficialidad en la información ni el recurso al tópico para intentar
escamotear lo que no son más que errores fruto de la precipitación, de la escasez
de plantillas o de la falta de preparación de éstas. El oyente es así
considerado no sólo un simple consumidor, sino un consumidor de escasa calidad,
con quien cabe jugar al engaño” (p.7). Lo cual hace que se practique un
periodismo de baja calidad, que repercute mucho en la credibilidad del oficio,
hecho que efectivamente ocurre en nuestra región.
De otro lado, desde un
punto de vista académico, en nuestras radios locales se practica mucho, en
consecuencia, el discurso informativo, que a decir de Soengas (s.f.), debe
caracterizarse “por la narración lineal y por la utilización de un registro
neutro que no añade carga emocional ni subjetividad a los mensajes durante el
proceso de lectura. Es la forma de conseguir un discurso sencillo y claro, y de
mantener ese distanciamiento necesario entre el periodista y los hechos, para
no implicarse en el contenido de las noticias” (p. 109). Sin embargo, como
habíamos indicado, ello no siempre suele ocurrir.
Conclusión
En resumen, cuando
hablamos de radio comunitaria y radio comercial, hablamos de dos modelos que se
diferencian en muchos sentidos, por sus fines, sus contenidos, su relación con
las audiencias, su concepción de la comunicación radial y las formas específicas
de hacer radio. En nuestro contexto local prima la radio comercial y no existe
nada parecido a lo comunitario. El modelo comercial impone sus formas de hacer
radio, con contenidos musicales uniformes y prácticas periodísticas poco
profesionales, que desemboca frecuentemente en un desprestigio de la profesión
y en el ejercicio de una radio desligada de los reales intereses de la
comunidad.
Referencias
Álvarez,
M. A. (2008). El desafío de las radios comunitarias. Anagramas, Volumen 6
(Nº 12), pp. 61-77. Recuperado de: file:///C:/Users/Laptop/Downloads/Dialnet-ElDesafioDeLasRadiosComunitarias-4851606%20(3).pdf
Krohling,
C. M. (s.f.). Radio comunitaria, educomunicación y desarrollo social. Contratexto digital.
Año 4, N° 5. Recuperado de: http://www3.ulima.edu.pe/Revistas/contratexto/pdf/07.pdf
Las
otras voces (2005). Aprender con la
radio. Reflexiones y actividades para promover la participación comunitaria. Recuperado
de: http://files.unicef.org/argentina/spanish/CuadernilloFacilitadores.pdf
Merayo,
A. (1994). Las radios locales y su penetración en la audiencia. Conferencia pronunciada en la Conferencia
Episcopal Española (Madrid, 10.02.1994). Recuperado de: ttp://www.bocc.ubi.pt/pag/merayo-arturo-radio-local.pdf
Moreno,
E. (2005). Las “radios” y los modelos de programación radiofónica Communication & Society, Vol. 18(1),
61-111. Recuperado de: https://www.unav.es/fcom/communication-society/es/articulo.php?art_id=65
Rivadeneyra,
C. (2009). Las otras radios: El complejo escenario de la radio en el Perú.
Contratexto n° 17, pp.
217-234. Recuperado de: http://fresno.ulima.edu.pe/sf/sf_bdfde.nsf/OtrosWeb/CONT17RIVADENEYRA/$file/12-contratexto17%20RIVADENEYRA.pdf
VÍDEO ILUSTRATIVO:
DIÁLOGO: ¿Qué radio para qué comunidades?
ALUMNOS:
CHAPOÑÁN REYES MARILYN SUZZETY
VIDAL VILLALOBOS JUAN CARLOS



Juan, Marilyn,
ResponderBorrarEl diálogo nos aproxima convenientemente a un entendimiento de la radio, pero por la diferencia de visiones de ambos invitados, como que no logran vincular la memoria teórica de uno y el aporte práctico del otro.
El paper está poco nutrido de la propuesta comparativa, solucionables con mejores materiales de asistencia.